14 de febrero de 2016

Cosas que no debes decir a una persona diabética

Hacía tiempo que quería escribir un post como este, y el otro día un compañero de curro me lo recordó con una pregunta que me hizo.


Estaba yo preparándome un café y de repente me mira y me dice:
– ¿Tú puedes beber café?
– ¿Por qué no voy a poder?
– Es que mi mujer en el embarazo le salió diabetes y no le dejaban beber café…
– Ya… Pero eso es porque estaba embarazada, no por la diabetes.

Imaginad mi cara…



Pues esta pregunta (o conversación) es suave en comparación a otras que me han hecho a lo largo de mis años de diabética. Os voy a enumerar unas cuantas.

Cosas que no debes decir a una persona diabética


¡Uy! Pobrecita

Esto lo he oído durante años y años y años, y ahora que ya no soy ninguna niña, está la versión “¡Uy! Qué putada…”.

A ver… Pobrecita… ¿Por qué? ¿A caso me estoy muriendo? ¿Estoy ciega, o sorda, o muda o paralítica? ¿A caso tengo un cáncer incurable? Vale que esta enfermedad es pesada de llevar, pero por favor, eso de tenerme lástima, no, gracias.

Total… Es solo un pinchacito

¿Un pinchacito? ¿Solo uno? ¿En serio? A ver… Hagamos cuentas… Llevo más de 30 años de diabética… A una media de 4 inyecciones diarias (antes eran menos y ahora son más), hacen un total de 43800 pinchazos en lo que llevo de mi vida (y esto es un calculo aproximado). Sin contar los pinchazos en los dedos para los controles de glucosa y sin contar todos los que me quedan por delante…
Así que, si me ves quejarme por qué un pinchazo me ha hecho daño, por favor, no me digas “Total… Es solo un pinchacito”.

Después de todo lo que has comido, ¿sacarina en el café?

Pues sí, sacarina en el café después de la paella, la fideuà o las chuletas con patatas. ¿Qué problema tienes con la sacarina? Los hidratos de carbono de la comida los tengo en cuenta y me inyecto la insulina que necesito, así que en el café, lo más normal del mundo es que me ponga sacarina, porque no puedo tomar azúcar. Y punto.

En fin…

Esto es solo un ejemplo de la ignorancia sobre nuestra enfermedad que tiene la población, en general. Ya haré una segunda parte, cuando me acuerde de más anécdotas.

Contadme, que os han dicho a vosotr@s que os han entrado ganas de arrancarle los ojos a más de uno.