9 de abril de 2015

El que espera desespera

El otro día leí un artículo donde se decía que la ciudad de Valencia se negaba a retirarle la medalla de oro de la ciudad a Franco, otorgada en 1942. (Ver la noticia aquí)

Una medalla de oro es (o debería ser) un reconocimiento de un pueblo hacia una persona o entidad pública que haya hecho algún bien a la humanidad en alguna materia en concreto, sea cual sea esa materia.


Que yo sepa, lo único que hizo bien este hombre por la humanidad fue inaugurar pantanos. Todas sus demás hazañas, por llamarlas de alguna manera, no son ningún bien para la humanidad. Habrá quien piense que hizo muchas cosas buenas (cada uno es libre de pensar lo que quiera igual que hago yo), pero desde mi punto de vista, tratar bien a unos cuantos y maltratar al resto, no se puede considerar hacer el bien, ni para la humanidad ni para nadie.

Todo este rollo es lo que me pasó por la cabeza cuando leí la noticia. ¿O es que alguien en su sano juicio vería normal que aún existieran nombres de calles y plazas, estatuas, medallas de oro o llaves de la ciudad para Hitler y compañía?? Pues eso, yo no veo normal que aquí lo vean normal...

Pero incluso con estos argumentos el otro día alguien me dijo que si quitábamos a Franco de las calles también deberíamos quitar de las calles a Dolores Ibarruri. Hombre... A ver... Como se lo diría yo... Equiparar a estos dos personajes, pues la verdad me chirrían un poco los dientes... Yo no conozco el historial asesino de la Pasionaria, pero para mí no es lo mismo matar en una guerra (donde todos son malos) que en una post-guerra (donde el ganador se ceba con el perdedor), ¿o sí es lo mismo?

Hoy he leído otro artículo donde decían que la Academia de Historia Española por fin incluía en la definición de Franco que fue un dictador autoritario. Sin palabras me he quedado. Solo les ha costado 38 años reconocer que no fue un tipo agradable. (Ver la noticia aquí)

Igual después de esto la ciudad de Valencia también le retira la medalla de oro de la ciudad y cumple así con la Ley de Memoria Histórica. Seguro que estarían esperando la corrección en el diccionario de historia para asegurarse. Pero ya sabéis... el que espera, desespera.