6 de octubre de 2015

Goliat contra David

No, no me he equivocado, no quiero hablar de David contra Goliat, sino del caso contrario, de cuando el pez grande se come al pequeño, que suele ser la mayoría de las veces.

Goliat contra David
Goliat contra David
Este es el segundo capítulo de una historia de amor de la que ya escribí hace meses: Hacienda somos todos... todos los pobres. Os pongo en situación. David soy yo. Goliat es Hacienda. Fin del post... No... Es broma... Para que tengo un blog, ¿sino?

Pero bien es cierto que podía poner punto final y acabar aquí de escribir porque estas cosas no suelen acabar bien.

Y es que cuando Goliat se pone a investigar, por más razón que tengas, primero te toca pagar y luego ya si eso, pides que te lo devuelvan, y te puedes ir tranquilamente a tu casa durante tres o cuatro meses (con mucha suerte) y sentarte cómodo, porque para cobrar son muy rápidos, pero ay amigo, para pagar... Para pagar no van a la misma velocidad...

En mi caso, en mi anterior trabajo, el asesor parece que se equivocó con la declaración del finiquito, de hecho no lo declaró como finiquito, y claro, ahora al señor Goliat los datos que yo le he presentado y los que él tiene, no coinciden, ¿y quién tiene la culpa? Adivina, adivinanza...

Como se dice por aquí, "a pagar-ho, Prebrereta", que viene a significar que yo tengo la culpa y ya me apañaré para resolverlo. Es el increíble método que tienen las instituciones de decir que ellos se lavan las manos, que tú eres el que tienes que demostrar que ellos se han equivocado y tú eres inocente. Ahora vas y lo cascas...

En mi caso tengo todos los papeles en regla, todas las sumas y restas bien hechas, y todo muy transparente y muy clarinete (igualito que Rodrigo Rato y compañía), pero con Goliat nunca se sabe. Como él diga que no y que no y no se baje del burro, a ver como luchas contra algo o alguien de ese tamaño...

Que yo sepa, David sólo ganó a Goliat en una ocasión... Aunque siempre puede haber una segunda vez,